lunes, 29 de marzo de 2010

Y entonces...



El médico le ofrecia ahora unas pastillas que podrían reducirle la angustia y ayudarla a dormir.
Ella dijo''¿NO le parece paradojico recetar ansiolíticos a una ansiosa?
Por lógica,una ansiosa siente ansia,no va a esperar usted que se conforme con tomar sólo tres pastillas diarias''.EL medico sonrrió. Y a ella le parecía que era muy seductor y, lo peor es que lo sabia.Entre terapeuta y paciente siempre se establecen relaciones de mutua seducción. Llevaba puestos aquellos tacones aquel mismo día,los que él le habia regalado. Para recordarle,pensaba.


El único antidepresivo que me funciona en realidad es estar con mi amante. No lo dijo.Habría podido decirlo porque entre esas cuatro paredes podía decir todo lo que se le pasara por la sabeza. Que vomitaba,que se cortaba con cuchullis de afeitar, que a veces fantaseaba con su propio funeral.Pero no lo dijo. No dijo: los únicos días de mi vida en los que puedo pasar veite horas sin que sienta la angustia retorciendome el estómago son los que paso con él. Las unicas mañanas en las que me despierto sin lagrimas en los ojos son aquellas en las que me levanto a su lado. Todo lo que desearía es vivir con él porque sé que entonces contaría con alguna posibilidad de pasarme al otro lado de la raya,al de la gente presuntamente normal,la gente a la que usted podría considerar un caso clínico.

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